jueves, 1 de diciembre de 2011

Zombies en mi mundo onírico


Estábamos rodeados, era como si cada persona del mundo ahora fuera un zombie acechándonos. Nos tomamos de la mano y comenzamos a correr, como si hubiera algún lugar dónde escapar. Sentía sus gemidos cerca, escuchaba las ramas quebrarse con su acelerado paso que ahora tenían para comernos. Me soltaste la mano y uno de ellos se te acercó, estaba por morderte pero tomé su melena negra y lo tiré hacia atrás para evitarlo, la descomposición hizo que me quedara con un manojo de pelos en mi mano y tú con una mordida en el hombro. Lo mataste y me miraste a los ojos, no necesitaste decir nada más, con esa mirada nos dijimos todo, ambos supimos que todo había terminado. Nos besamos un momento, pero para mí fue una pequeña eternidad en la que nos despedimos, no recuerdo haberte besado con tantas ansias como en ese momento. Los espasmos del virus hicieron que cayeras sobre mí, me acariciaste el cabello, y cuando cerré los ojos una mordida me hizo volver a la realidad; la herida de mi pierna parecía hecha de fuego, el dolor era insoportable. Como pude te hice a un lado, tomé la pistola y la acerqué a tu cara, la afirmé en tu frente, ya no hablabas cosas con sentido, ni siquiera trataste de quitarla de ahí, jalé el gatillo. Me levanté y trate de correr, pero el dolor de mi pierna me lo impidió, levanté la vista, habían unos 7 ahora comiendo tu cuerpo. Vi un niño correr, se parecía tanto a uno que conocí hace un tiempo, uno que ya no está, lo perseguían 3 así que grité “Corre Bebé” y comencé a llamar la atención de los caminante grité y me moví para que lo dejaran en paz. Mi plan funcionó de maravillas, tenía a una pequeña manada de infectados acercándose, ellos ya no corrían, sabían que no me podría mover rápido, el olor de mi sangre corriendo por mi pierna los llamaba. Miré la pistola y la puse en mi cien, luego recordé un artículo que leí por internet que decía que uno podía quedar vivo si se trataba de suicidar así, que la mejor manera era colocarla en el ojo, así que la afirmé en mi cuenca, pero no me atreví, finalmente el frío tubo de la pistola ingresó a mi boca, sentí el sabor a pólvora y apreté el gatillo, sentí el percutor moverse pero nada pasó. Recuerdo que bajé mi mano desanimada, de seguro me había quedado sin munición, pero cuando quise moverme no pude, caí de rodillas y lentamente vi como me acercaba al pasto amarillento, lo último que recuerdo es como se ponía todo rojo…la bala si había salido.


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Estas cosas son las que termino soñando después de ver The Walking Dead...estúpidos y sensuales sueños vívidos, que me hacen confundir la vigilia con el mundo onírico

3 comentarios:

Sina de la Fiol dijo...

es curioso lo que recuerdas cuando estas a punto de morir

Anónimo dijo...

LA WEA TONTA UFFFFF

De Manhattan dijo...

También leí eso que si te matas en el sueño despiertas, que angustia