Para Katrina Balladares.
Alicia, luego de volver del país de las maravillas, trató de
llevar una vida normal. Se casó, tuvo hijos y cuando el recuerdo de sus
aventuras empezaba a desvanecerse vio como a su hija le encantaban los gatos,
la hora de tomar el té y los sombreros. “Esto lo heredó de mi” pensaba con
orgullo, y cuando apareció el conejo blanco en el patio de su casa su corazón
se detuvo, lo vio observar su pequeño reloj y mirar a su hija a los ojos. La
niña por su parte lo miró y entró a la casa con su gato regalón en brazos,
cuando su mamá le preguntó porqué no había ido a jugar con el conejito ella
respondió “me gustan los gatos mamá, no los conejos”.

