
Llegó la noche y, con sus rayos de luna, comienza de nuevo la metamorfosis. Nos transformamos otra vez y salimos casi en una estampida al bosque. Corremos libres, liberadas de todo, de las pesadas trenzas que aprisionan nuestros cabellos, de las incómodas ropas que ocultan la voluptuosidad que cada una lleva. Pasamos por la negrura, entre el espesor y los roces secretos que nos hacen los árboles pícaros. La noche está por terminar y comenzamos el retorno a nuestros hogares. La corza blanca nos guía como la emperatriz soberana de esta manada sobrenatural. Llegamos desnudas al amanecer y volvemos a las habitaciones como si nada hubiese pasado, como si fuera un sueño soñado por otros, como si sólo fuera una leyenda.
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Minifición sobreviviente a la descalificación de un concurso...por tomar como plagio la intertextualidad...